miércoles, 25 de mayo de 2016

Bolsa 6


1.       Relación de una teoría literaria y didáctica.

Se les proporcionará a los alumnos de Educación Primaria el cuento: El Ángel Caído de Amado Nervo. (Fragmento)

Érase un ángel que, por retozar más de la cuenta sobre una nube crepuscular teñida de violetas, perdió pie y cayó lastimosamente a la tierra.

Su mala suerte quiso que, en vez de dar sobre el fresco césped, diese contra bronca piedra, de modo y manera que el cuitado se estropeó un ala, el ala derecha, por más señas.

Allí quedó despatarrado, sangrando, y aunque daba voces de socorro, como no es usual que en la tierra se comprenda el idioma de los ángeles, nadie acudía en su auxilio.

En esto acertó a pasar no lejos un niño que volvía de la escuela, y aquí empezó la buena suerte del caído, porque como lo niños sí suelen comprender la lengua angélica (en el siglo XX mucho menos, pero en fin), el chico allegóse al mísero y sorprendido primero y compadecido después, tendióle la mano y le ayudó a levantarse.

Los ángeles no pesan, y la leve fuerza del niño bastó y sobró para que aquél se pusiese en pie.

Su salvador ofrecióle el brazo y vióse entonces el más raro espectáculo: un niño conduciendo a un ángel por los senderos de este mundo.

Cojeaba el ángel lastimosamente, ¡es claro! Acontecíale lo que acontece a los que nunca andan descalzos: el menor guijarro le pinchaba de un modo atroz. Su aspecto era lamentable. Con el ala rota, dolorosamente plegada, manchado de sangre y lodo el plumaje resplandeciente, el ángel estaba para dar compasión.

Cada paso le arrancaba un grito; los maravillosos pies de nieve empezaban a sangrar también.

—No puedo más —dijo al niño.

Y, este, que tenía su miaja de sentido práctico, respondióle: 

 —A ti (porque desde un principio se tutearon), a ti lo que te falta es un par de zapatos. Vamos a casa, diré a mamá que te los compre.

—¿Y qué es eso de zapatos? —preguntó el ángel.

—Pues mira —contestó el niño mostrándole los suyos—: algo que yo rompo mucho y que me cuesta buenos regaños.

—¿Y yo he de ponerme eso tan feo...?

—Claro..., ¡o no andas! Vamos a casa. Allí mamá te frotará con árnica y te dará calzado.

—Pero si ya no me es posible andar... ¡cárgame!

—¿Podré contigo?

—¡Ya lo creo!

Y el niño alzó en vilo a su compañero sentándolo en su hombro, como lo hubiera hecho un diminuto San Cristóbal.

—¡Gracias! —suspiró el herido—; qué bien estoy así... ¿Verdad que no peso?

—¡Es que yo tengo fuerzas! —respondió el niño con cierto orgullo y no queriendo confesar que su celeste fardo era más ligero que uno de plumas.

En esto se acercaban al lugar, y os aseguro que no era menos peregrino ahora que antes el espectáculo de un niño que llevaba en brazos a un ángel, al revés de lo que nos muestran las estampas.

Cuando llegaron a la casa, sólo unos cuantos chicuelos curiosos le seguían. Los hombres, muy ocupados en sus negocios, las mujeres que comadreaban en las plazuelas y al borde de las fuentes, no se habían percatado de que pasaban un niño y un ángel. Sólo un poeta que divagaba por aquellos contornos, asombrado clavó en ellos los ojos y sonriendo beatamente los siguió durante buen espacio de tiempo con la mirada... Después se alejó pensativo...

Grande fue la piedad de la madre del niño, cuando éste le mostró a su alirroto compañero.

—¡Pobrecillo! —exclamó la buena señora—; le dolerá mucho el ala, ¿eh?

El ángel, al sentir que le hurgaban la herida, dejó oír un lamento armonioso. Como nunca había conocido el dolor, era más sensible a él que los mortales, forjados para la pena.

Pronto la caritativa dama le vendó el ala, a decir verdad, con trabajo, porque era tan grande que no bastaban los trapos; y más aliviado y lejos ya de las piedras del camino, el ángel pudo ponerse en pie y enderezar su esbelta estatura.

Era maravilloso de belleza. Su piel translúcida parecía iluminada por suave luz interior y sus ojos, de un hondo azul de incomparable diafanidad, miraban de manera que cada mirada producía un éxtasis.

2.       Posterior a su lectura se les harán a los alumnos las siguientes preguntas:

a)      ¿Guarda relación el título con el contenido del texto?

b)      ¿Cuál es el personaje principal del cuento?

c)       ¿Cómo es el comportamiento del El ángel que aparece en el cuento (es un ángel amistoso, huraño, valiente, cobarde etc.)? ¿Cómo puedes saberlo?

d)      ¿Podría tener algún otro título el cuento?

e)      ¿Cuál crees que sea el final de la historia? Escríbela en tu cuaderno.

Haremos un análisis de este cuento con los alumnos de los diferentes grados para conocer la interpretación que va teniendo el cuento según el grado por el cual va pasando. También se pondrá solo un fragmento para que los alumnos sean los que decidan el final que se le puede dar. Lo que nos interesa descubrir de la aplicación de esta actividad es establecer si hay una relación entre la edad de los alumnos y la interpretación del cuento. Según la semiótica el papel del lector en la interpretación de un texto es muy importante, el texto no puede estar completo si el lector no le da un significado propio de tal suerte que un mismo texto puede tener diferentes interpretaciones según sea la persona que lo esté leyendo, incluso puede significar algo que el autor ni siquiera imagina o algo totalmente opuesto a la idea original, esto va a depender completamente del lector. Para ello debemos también el aspecto sociocultural de los alumnos que es lo que también nos dará una interpretación diferente del cuento.

El contenido de la obra no aparece explícito en la superficie significante del texto y, por esto, el lector es postulado como un principio activo de la interpretación. Su trabajo de cooperación es fundamental para extraer aquello no dicho, pero implicado; para llenar los espacios vacíos y conectar lo que aparece en la obra con el tejido de la intertextualidad. [1]

3.Para finalizar nuestra actividad los alumnos elaborarán un dibujo de cómo ellos se imaginan que es el Ángel físicamente y haremos una exposición de los dibujos a la comunidad escolar.

 

 



[1] Castro O., Posada C., (1994). “Semiótica y literatura” en Manual de teoría literaria. Pág. 149. Colombia. Universidad de Antioquía.

martes, 24 de mayo de 2016

Bolsa 6 Kyra Galván Haro


Tarea 6 Canasta Básica 4 Seminario dra. Ethel Krauze K.
Alumna: Kyra Galván Haro
Objetivo: Relacionar alguna obra literaria con la aplicación de alguna teoría literaria y diseñar un ejercicio didáctico. 

La Tercera Expedición - Cronicas Marcianas de Ray Bradbury

(Fragmento)

La nave vino del espacio. Vino de las estrellas, y las velocidades negras, y los movimientos brillantes, y los silenciosos abismos del espacio. Era una nave nueva, con fuego en las entrañas y hombres en las celdas de metal, y se movía en un silencio limpio, vehemente y cálido. Llevaba diecisiete hombres, incluyendo un capitán. En la pista de Ohio la muchedumbre había gritado agitando las manos a la luz del sol, y el cohete había florecido en ardientes capullos de color y había escapado alejándose en el espacio ¡en el tercer viaje a Marte!
Ahora estaba desacelerando con una eficiencia metálica en las atmósferas superiores de Marte. Era todavía hermoso y fuerte. Había avanzado como un pálido leviatán marino por las aguas de medianoche del espacio; había dejado atrás la luna antigua y se había precipitado al interior de una nada que seguía a otra nada. Los hombres de la tripulación se habían golpeado, enfermado y curado, alternadamente. Uno había muerto, pero los dieciséis sobrevivientes, con los ojos claros y las caras apretadas contra las ventanas de gruesos vidrios, observaban ahora cómo Marte oscilaba subiendo debajo de ellos.
-¡Marte! -exclamó el navegante Lustig.
-¡El viejo y simpático Marte! -dijo Samuel Hinkston, arqueólogo.
-Bien -dijo el capitán John Black.
El cohete se posó en un prado verde. Afuera, en el prado, había un ciervo de hierro. Más allá, se alzaba una alta casa victoriana, silenciosa a la luz del sol, toda cubierta de volutas y molduras rococó, con ventanas de vidrios coloreados: azules y rosas y verdes y amarillos. En el porche crecían unos geranios, y una vieja hamaca colgaba del techo y se balanceaba, hacia atrás, hacia delante, hacia atrás, hacia delante, mecida por la brisa. La casa estaba coronada por una cúpula, con ventanas de vidrios rectangulares y un techo de caperuza. Por la ventana se podía ver una pieza de música titulada Hermoso Ohio, en un atril.
Alrededor del cohete y en las cuatro direcciones se extendía el pueblo, verde y tranquilo bajo el cielo primaveral de Marte. Había casas blancas y de ladrillos rojos, y álamos altos que se movían en el viento, y arces y castaños, todos altos. En el campanario de la iglesia dormían unas campanas doradas.
Los hombres del cohete miraron fuera y vieron todo esto. Luego se miraron unos a otros y miraron otra vez fuera, pálidos, tomándose de los codos, como si no pudieran respirar.
-Demonios -dijo Lustig en voz baja, frotándose torpemente los ojos-. Demonios.
-No puede ser -dijo Samuel Hinkston.
Se oyó la voz del químico.
-Atmósfera enrarecida, señor, pero segura. Hay suficiente oxígeno.
-Entonces saldremos -dijo Lustig.
-Esperen -replicó el capitán John Black-. ¿Qué es esto en realidad?
-Es un pueblo, con aire enrarecido, pero respirable, señor.
-Y es un pueblo idéntico a los pueblos de la Tierra -dijo Hinkston el arqueólogo-. Increíble. No puede ser, pero es.
El capitán John Black lo miró inexpresivamente.
-¿Cree usted posible que las civilizaciones de dos planetas marchen y evolucionen de la misma manera, Hinkston?
-Nunca lo hubiera pensado, capitán.
El capitán se acercó a la ventana.
-Miren. Geranios. Una planta de cultivo. Esa variedad específica se conoce en la Tierra sólo desde hace cincuenta años. Piensen cómo evolucionan las plantas, durante miles de años. Y luego díganme si es lógico que los marcianos tengan: primero, ventanas con vidrios emplomados; segundo, cúpulas; tercero, columpios en ¡Os Porches; cuarto, un instrumento que parece un piano y que probablemente es un piano; y quinto, si miran ustedes detenidamente por la lente telescópica, ¿es lógico que un compositor marciano haya compuesto una pieza de música titulada, aunque parezca mentira, Hermoso Ohio? ¡Esto querría decir que hay un río Ohio en Marte!

Relaciono este fragmento de un texto de Ray Bradbury donde los exploradores llegan a Marte y se topan con un pueblo idéntico a los que se encuentran en Estados Unidos, específicamente en el estado de Ohio, con la teoría literaria de la Recepción.
En la teoría literaria de la recepción se estudia el papel del lector en la interpretación de la literatura. Ésta dice que los libros no existirían en sí mismos si no fuera por los procesos de significación “que sólo pueden materializarse mediante la lectura. Para que la literatura suceda, la importancia del lector es tan vital como la del autor.”[1] A través de la lectura, “el lector hace conexiones implícitas, cubre huecos, saca inferencias y pone a prueba sus presentimientos. Todo ello significa que recurre a un conocimiento tácito del mundo en general y en particular, de las prácticas aceptadas en literatura.”[2]
Uno de los principales exponentes de la ésta teoría, Wolfgang Iser, afirma que todos los textos literarios crean “espacios en blanco” que deben ser llenados por el lector a través de su imaginación[3], a través de, como ya mencionamos, conjeturas, inferencias y suposiciones.
Por lo que idee poner este fragmento del texto para que los alumnos llenen los “espacios en blanco” y traten de imaginar, suponer, conjeturar e inferir cuál es el desarrollo del relato y su final.
Aún no lo aplico pero pondré los resultados en el trabajo final.  



[1] Eagleton, Terry. Una introducción a la teoría literaria, FCE, México, 2014,7ª reimpresión,pág.95
[2] Op, cit, pág.97
[3] https://es.wikipedia.org/wiki/Teor%C3%ADa_de_la_recepci%C3%B3n

Bolsa 5 Kyra Galván Haro

Tarea 5 Canasta Básica 4 Seminario Dra. Ethel Krauze K.
Alumna: Kyra Marina Galván Haro
Objetivo: 1.- Resumen y comentario a la Introducción: ¿Qué es literatura? del libro de Terry Eagleton, “Una introducción a la teoría literaria”[1].  
2.- Diseñar un ejercicio o dinámica que pueda incluirse en el aula sobre este asunto, aplicarlo en clase y comentar resultados.

1.- El autor Terry Eagleton en el prefacio y en la introducción del libro citado hace hincapié, en primer lugar, en que para entender la literatura, no podemos hacer a un lado a la Teoría Literaria, porque entonces nos veríamos incapacitados, en primer lugar, a saber que de lo que estamos hablando es una obra literaria y tampoco sabríamos cómo leerla y analizarla.

A lo largo de la historia, también, se ha tratado de definir lo que es la literatura, pero las diferentes definiciones se han cuestionado una y otra vez. Por ejemplo, se ha dicho que la literatura es una obra de ficción o resultado de la imaginación, pero se ha comprobado que existen obras que a pesar de no ser de “ficción” se han considerado literatura y viceversa.

Los formalistas rusos, por ejemplo, definieron lo literario como una especie de “violentación” del lenguaje oral ordinario. “La literatura era una organización especial del lenguaje. Tenía leyes específicas, estructuras y recursos que debían estudiarse en sí mismos…”[2]

Ellos desecharon analizar el contenido que se consideraba literario de una obra y se concentraron en la forma literaria. Consideraron importantes un conjunto de elementos que relacionaron entre sí en un sistema contextual total, como el sonido, la rima, las imágenes, el metro,  y ciertas técnicas narrativas. Pero Eagleton argumenta, y con razón, que la literatura no puede definirse exclusivamente por el uso de la metáfora y que también el lenguaje oral hace uso continuo de recursos retóricos como la metonimia, la sinécdoque y otros, por lo que una definición de literario, no puede basarse nada más en esos elementos. 

Es más, asegura Eagleton, “Un escrito puede comenzar a vivir como historia y filosofía y posteriormente, ser clasificado como literatura…”[3]

Evidentemente, la clasificación de lo literario cambia mucho con el punto de vista histórico, con la educación y hasta con la perspectiva de la clase social. El “valor” que ahora les damos a ciertas obras puede cambiar con el tiempo. Pero para eso existe la teoría literaria para que lo juicios sobre la literatura y lo literario no sean meramente opiniones que cambien de valor con el tiempo.

Aunque francamente creo que el autor se contradice al final de sus conclusiones ya que él mismo dice que aún los juicios de cada teoría literaria en particular serán cuestionados por otra teoría que pondrá en tela de juicio las definiciones de la anterior. Entonces, ¿podemos ponernos de acuerdo en lo que es lo literario? ¿O concluimos que es algo siempre cambiante?

2.- Usando algunos de los elementos que los estructuralistas utilizan para el análisis de los textos literarios, diseñé un ejercicio para aplicarlo en mi taller literario. Primero, escogiendo un tema, que en este caso sería una historia de terror. Como segundo punto, utilizar un orden temporal, que en este caso sería seguir la prolepsis. Tercer punto, la duración: la acción sucede en una noche. La perspectiva, será ser parte de la historia, por lo que se les pedirá a los alumnos narrarla en primera persona. Y finalmente, poner la restricción de narrar una historia a partir de dos oraciones que de alguna manera definan la historia, como por ejemplo:

Anoche platiqué con mi madre sobre cómo hornear el pay de manzana.
Hace once años que mi madre está muerta.
O
Todas las noches escucho pasar una carreta de caballos debajo de mi ventana a las 3:30 de la madrugada.
Vivo en el año 2016.



[1] Eagleton, Terry. Una introducción a la teoría literaria, FCE, México, 2014,7ª reimpresión.
[2] op, cit, pg. 13
[3] Ibid, pg 19

jueves, 19 de mayo de 2016

Bolsa 6 - Teoria Literaria y Didactica por Marli Camargo

Los doce de la diligencia por Hans Christian Andersen

El frío era cortante; el cielo, estrellado, y no se sentía ni un soplo de aire.
«¡Paf!», un puchero viejo salió volando de la puerta del vecino.
«¡Pif, paf!», en otra parte sonaron unos tiros. Saludaban la llegada del Año Nuevo; era la noche de San Silvestre, y en aquellos momentos daban las doce.
«¡Tataratá!», llegó la diligencia. El enorme carruaje se detuvo a la puerta de la ciudad. Venían en él doce personas; más no cabían, todas las plazas estaban ocupadas.
‑¡Hurra, hurra! ‑gritaban en las casas donde se celebraba la noche de Año Nuevo, levantadas las copas para brindar por la felicidad del que empezaba.
‑¡Feliz Año Nuevo! ‑exclamaban. ¡Salud y suerte, una linda mujercita y mucho dinero! ¡Fuera el mal humor!
Todos se lo deseaban mutuamente, chocando los vasos, mientras la diligencia estaba parada a la puerta de la ciudad, con los que en ella venían, los doce viajeros.

¿Qué gente sería? Llevaban todos pasaportes y equipaje, y traían incluso regalos para ti, para mí y para todos los habitantes de la ciudad. ¿Quiénes eran aquellos forasteros? ¿Qué querían y qué traían?
‑Buenos días ‑le dijeron al centinela de la puerta.
‑Buenos días ‑les respondió éste, pues el reloj acababa de dar las doce.
‑ ¿Su nombre? ¿Su estado? ‑preguntó el guarda al primero que se apeó del carruaje.
‑Ahí tiene mi pasaporte ‑respondió el hombre. Soy yo. Era un individuo hecho y derecho, vestido con una piel de oso y botas de cuero‑. Soy el hombre en quien muchos tienen puestas sus esperanzas. Ven mañana y tendrás un regalo de Año Nuevo. Reparto chelines y escudos a diestro y siniestro, hago obsequios, doy también bailes, treinta y uno en total, pues no dispongo de más noches. Mis barcos están helados, pero en mi despacho se está caliente y cómodo. Soy comerciante mayorista y me llamo Enero. Sólo traigo cuentas conmigo.
Bajó el siguiente; era un guasón, director de teatro, organizador de bailes de máscaras y de toda clase de diversiones. Su equipaje era un gran tonel.
‑Por carnaval, de este tonel sacaremos más de un gato -dijo.

Voy a preparar diversiones para los demás y para mí, pues de toda la familia soy el que tiene la vida más corta; sólo veintiocho. De vez en cuando me regalan un día más, pero eso no es nada. ¡Hurra!
‑ ¡No grite tan alto! ‑le respondió el centinela.
‑Pero a mí me está permitido ‑protestó el hombre. Soy el príncipe Carnaval, y viajo con el nombre de Februarius.
Vino el tercero. Parecía la cuaresma en persona, pero iba con la nariz alta, pues estaba emparentado con los «cuarenta caballeros» y era profeta del tiempo. Ésta no es una prebenda productiva, desde luego, y por eso no se jactaba de ella, sino de la cuaresma. Su atavío era un ramito de violetas en el ojal, muy pequeñas por cierto.
‑Marzo, ¡marchen! ‑dijo el cuarto, dando un empujón al tercero.
‑Entra en el cuerpo de guardia, que hay ponche. ¡Lo huelo! ‑Pero no era verdad; sólo pretendía despachar a Marzo, con lo cual comenzaba su carrera el cuarto personaje. Parecía muy pimpante; no hacía gran cosa, pero cuanto menos trabajaba, tantas más fiestas celebraba. ‑El buen humor tiene sus altibajos ‑dijo. Lluvia y sol, quitar y poner. Soy también comisario de mudanzas y muñidor de entierros; lo mismo río que lloro. Llevo en el baúl vestidos de verano, pero sería un disparate ponérselos. ¡Así soy yo! Cuando me visto de gala, me pongo medias de seda y manguito.
A continuación bajó del coche una dama.
‑ ¡Señorita Mayo! ‑dijo. Vestía de verano y calzaba chanclos; el traje era de seda verde hoja de haya; se adornaba el cabello con anémonas, y olía tan intensamente a aspérula, que hizo estornudar al guardia.
‑ ¡Salud! ‑dijo ella; era su saludo. Era preciosa y, además, cantante, no de teatro ni callejera, sino de bosque. Vagaba por la verde y lozana selva cantando por placer. Llevaba en la bolsa de costura los «Grabados» de Christian Winther, que son como el propio bosque de hayas, y «Pequeños poemas de Richardt», otras tantas aspérgulas.
‑ ¡Ahí viene la señora! ‑gritaron desde el interior de la diligencia; y se apeó, joven y exquisita, altiva y elegante. Había nacido como una de «las siete durmientes», se echaba de ver en seguida. El día más largo del año daba una gran fiesta, para que los invitados tuviesen tiempo de zamparse los numerosísimos platos del banquete. Hubiera podido viajar en coche propio, pero lo hizo en la diligencia, con los demás, para demostrar que no era orgullosa, Tampoco iba sola, sino que la acompañaba Julio su hermano menor.
Éste era un mozo rollizo, vestido de verano y con un sombrero jipijapa. Llevaba consigo muy poco equipaje; hubiera sido un engorro, con tanto calor. No traía más que gorro de baño y taparrabos, lo cual no es mucho que digamos.
Siguió luego la madre, señora Agosto, frutera mayorista, dueña de muchos viveros de peces, señora diputada con un gran miriñaque. Era gorda y fogosa, se metía en todo, y en el campo servía personalmente la cerveza a los trabajadores.
‑ ¡Comerás el pan con el sudor de tu frente! ‑decía. Lo pone la Biblia. Más adelante celebraremos la fiesta del bosque y de la cosecha. Era un ama de casa muy capaz y activa.
La siguió un hombre, pintor de profesión: el colorista Septiembre. Era misión suya cuidar del bosque: las hojas cambiaban de color según lo disponía él; tan pronto estaba rojo, como amarillo, como pardo. El maestro silbaba como el negro estornino, era un trabajador muy diestro, y trenzaba el zarcillo verde pardusco del lúpulo en torno al jarro de cerveza; era un bonito adorno y él tenía maña para esas cosas. Allí se estaba con su olla de pinturas, que constituía todo su equipaje.
Siguió un hacendado, que pensaba en las sementeras, en las labranzas, sin olvidar por eso los placeres de la caza. El señor Octubre venía con su perro y su escopeta, y con nueces en los bolsillos: ¡nic, nac! Traía una enorme cantidad de equipaje, amén de un arado inglés. Hablaba de agricultura, pero apenas se le oía, a causa de un concierto de toses y estornudos a cargo del que venía detrás: Noviembre. Traía éste resfriados, catarros monumentales, por lo que usaba sábanas en vez de pañuelos, y sin embargo, tenía que acompañar a las criadas en su nuevo servicio, dijo; el resfriado se curaría trabajando de leñador, y a ello iba, pues era aserrador de oficio. Llenaba sus veladas tallando patines, pues sabía que dentro de unas semanas habría gran demanda de ellos.
Por fin se apeó el último, la abuelita con su braserillo. Se moría de frío, pero los ojos le brillaban como dos estrellas rutilantes. Llevaba un tiesto con un abeto enano. Lo criaré y cuidaré, para que crezca para Nochebuena; haré que llegue del suelo al techo, y se le puedan colgar velas de colores, manzanas doradas y figuras recortadas. El braserillo calienta como una estufa. Sacaré el libro de cuentos del bolsillo y me pondré a leer en alta voz, para que todos los niños de la sala se callen y estén quietos, mientras las figuras del árbol cobran vida, y el angelito de cera de la cima agita sus alas de oropel y, bajando de la verde cumbre, besa a todos los presentes, grandes y chicos, y también a los niños pobres que, en la calle, estarán cantando el villancico de la estrella de Belén.
‑Bien, que pase la diligencia ‑dijo el centinela. Tenemos la docena completa. Que avance otro coche.
‑Antes, que vengan aquí los doce ‑ordenó el capitán de servicio, uno por uno. Me guardo los pasaportes; cada uno tiene validez para un mes; cuando hayan transcurrido, tomaré nota del comportamiento de cada cual. Señor Enero, haga el favor de acercarse.
Y entró Enero.
De aquí a un año te diré lo que los doce nos han traído a ti, a mí y a todos. Ahora no lo sé, y seguro que ellos tampoco; pues es una época muy rara ésta en que vivimos.


Partiendo de la teoría de la recepción, la cual podría ser definida de una manera amplia como menciona Gómez: "El conocimiento, acogida, adopción, incorporación, apropiación o crítica del hecho literario en cuanto operaciones realizadas por el lector, o como la adaptación, asimilación o incorporación de una obra en tanto que actividades llevadas a cabo por otro escritor. En consecuencia la teoría de la recepción sería aquella que se ocupa de los fundamentos y principios básicos, de acuerdo con los cuales se orienta el estudio de todas esas actividades reseñadas, al igual  que las fórmulas metodológicas necesarias para poder realizarlos de una manera científica." (Gómez, 13)

Entonces después  la lectura solicitamos a los niños intervenir en la obra y escribir en forma de una obra literaria lo que representa para ellos los meses de acuerdo con su calendario cultural y de fiestas. Aunque la estudiante leyó la obra de Andersen, ella escogió apenas un mes y narró las sensaciones que siente al llegar diciembre y el significado de navidad que parece ser el sentimiento de gratitud por todo lo que pasó durante el año. 

Resultados:  

!La Navidad más hermosa¡ Era un frío diciembre, más de lo que estábamos acostumbrados.
Sin embargo el olor y el ánimo de que la Navidad se acercaba se sentía en cada lugar;
por doquier escuchábamos villancicos, la gente se percibía animada por la llegada del tiempo en familia, los regalos y la rica cena. !Me encantan estas fechas¡ Ver los jardines llenos de coloridas noche buenas, luces decorando las calles, árboles de navidad en todas la casas, las piñatas decoradas con muchos colores; la gente festejando en las calles y la gran variedad de comida que se sirve durante esta época: pavo, ponche, pierna, puré de manzana ¡Mmmm, sólo de recordarlo vuelvo a vivirlo! ¡Yei!, ¡no puedo dejar de reconocer que es mi fecha favorita del año! Cuando se acerca el tiempo mi corazón se alegra.
Pero me encantaría que la gente sintiera lo mismo que yo, no sólo por las cosas que vemos en estas fechas, si no por entender el verdadero significado de la Navidad. Que tuvieran esa razón que hay en mi corazón, que mezclado con los sabores, olores, convivencia, amor, ambiente y todo lo que existe; hacen un sentimiento perfecto, y se convierte en la mejor temporada del año. Una época excelente para reír, abrazar, perdonar, amar y valorar todo aquello que nos ha sido regalado durante el año, agradecer por lo bueno y por lo malo, valorar lo que hemos recibido y también por lo que no nos ha sido dado.

¡Ruego a Dios para que todo el mundo pueda conocer en su vida el verdadero significado de la Navidad!

María Fernanda Hoyos, 11 años. - Selah Instituto


Análisis y aplicación didáctica 

En la teoría de la recepción el lector interviene con sus pensamientos, sentimientos y opinión en la obra. Tal vez la alumna al leer no tuviera el conocimiento necesario referente a las festividades culturales realizadas mensualmente y dedicó al mes de diciembre, lo cual le fascina… tal vez. La alumna tal vez no tiene vivencias tales como en las festividades por cuestiones religiosas y/o me parece que también faltó un pensamiento investigativo de la estudiante para poder desarrollar el contenido de la redacción. 

En relación con la teoría  del historicismo, podría también ser aplicada en la obra por medio de un análisis de la obra por un estudiante, el cual sería observar desde el punto de vista individualizado que interpreta y valora a la obra, sus fenómenos y el contexto históricos de la época.

En ese caso es importante mencionar  que otras teorías literarias no estaban a favor del historicismo porque acreditan que cuando haya la interpretación de la obra y su juicio de valor puede no ser totalmente real por las dificultades de reconstruir las normas históricas, y que si tal reconstrucción fuera posible, el juicio de valor basado en ellas no tendría sentido para el lector moderno.

O sea, un alumno podría hacer una interpretación de la obra de acuerdo con el contexto histórico y fenómenos de la ocasión y no habrá una valoración de la obra por su contexto en general.

El historicismo plantea bien la diferenciación entre interpretación y valorización de la obra literaria.

La teoría del historicismo determina pues, el valor de una obra con relación a su contexto histórico y ese caso causa mucho desacuerdo con los teóricos literarios, los cuales ven dicha teoría de forma negativa como y Fokemma al mencionar a René Wellek  y sus hablas que dicen que el: análisis no puede considerarse aislado: “No hay manera de evitar el  juicio por parte de nosotros, por parte de mi mismo".  "La valorización se desarrolla a partir de la comprensión", "la valoración correcta nace de la correcta comprensión".
(Fokemma, pág. 20)

Los aspectos vistos como negativos del relativismo histórico es que en  ese caso el alumno analizará el contexto histórico de la obra y no su valorización como obra o que impida al alumno emitir un juicio, apartando el alumno  de una participación activa en la sociedad contemporánea.

En el caso del formalismo podríamos explicar a los niños que esa teoría se dedica a los aspectos formales de la literatura, como  por ejemplo  la estructura temática, o  la relación de los personajes, o entonces pedir a los alumnos identificar el tiempo de la obra y escribir sobre ese asunto.

Finalmente podríamos aplicar la teoría estructuralista semiótica, la cual es definida como: "una nueva ciencia que estudia cualquier signos usado en la sociedad humana" (Fokemma, pág. 57),  es importante señalar que el estudio estructuralista de la literatura se basa firmemente en una disciplina que a través de su estrecha conexión con la cibernética y la teoría de la información, también coopera con las ciencias.  En ese caso, se podrían avalar la obra del punto de vista cultural y pedir a los alumnos hacer una evaluación. 

Conclusión

La literatura no es un concepto estático, sino algo que hay que determinar en sus aspectos sincrónicos y diacrónicos. Por eso Ju Tiniavov describe la literatura como una construcción lingüística dinámica. Según él, ciertos textos en un determinado tiempo y lugar se han aceptado como literarios, mientras que en otros tiempos y lugares no lo han sido.
(Fokkema, IBSCH, pág.18)

Las teorías literarias han estado evolucionando y como educadores o investigadores es importante conocer la aplicabilidad de la teoría, recordando siempre que hay diferentes perspectivas para analizar un texto literario y esa se hace por medio de las  teorías como por ejemplo el  formalismo russo, la teoría de la recepción,  la semiótica, etc.

Como investigadores necesitamos estar atentos al desarrollo de las nuevas terminologías metalingüística que están en proceso de formulación y los elementos de la teoría crítica que todavía siento hay necesidades de ser investigadas y aplicadas en las obras, para que no hayan lagunas en el proceso de aprendizaje sobre lo que es la literatura y sus respectivas teorías. Aunque sabemos que el estudio de la literatura tiene diferentes aspectos  y que  un estudioso no puede abarcar el campo completo, pero el conocimiento de las teorías en los aspectos críticos son necesarios y contribuirán para el desarrollo de una crítica literaria apropiada, así como para una didáctica adecuada  en la enseñanza de la literatura. 
  
Bibliografía 

Fokkema, D. W., and Elrud Ibsch (a.k.a. Elrud Kunne-Ibsch). 1984 - Teorías de la literatura del siglo XX. Cátedra - Madrid.

Gómez Luis A. Acosta - El lector y la obra - 1989 -  Teoría de la recepción Literaria - Biblioteca Románica Hispánica - Editorial Gredos - Madrid 

Referencias


Krauze, Ethel - Seminario de Canasta Básica iv- CIDHEM- Centro de Investigación de humanidades Morelos.

lunes, 16 de mayo de 2016

BOLSA 7: RECOGIENDO Y ORDENANDO LA CANASTA BÁSICA: GENERANDO CONOCIMIENTOS

LISTOS PARA EL REGRESO A CASA/AULA

Es hora de reunir las seis bolsas previas, y acomodarlas en nuestra canasta básica.

Bolsas que llevan conocimientos: cómo se generaron y a qué resultados llegaron

La canasta básica final, para llevarla a casa/aula, deberá contener esta experiencia (LOS TRABAJOS REALIZADOS DURANTE EL SEMESTRE, CORREGIDOS).

Y, deberá incluir, ADEMÁS:

  • Un texto al inicio del trabajo, qué dé cuenta de las conclusiones que han extraido de este proceso (breve, dos cuartillas)

    • Y la lista de los diez elementos que cada quien eligió desde el primer día, con su consecuente explicación concreta: es decir, como se realiza, en aula, y con qué conocimientos y dinámicas, cada uno de sus diez elementos (breve, sintetizado media cuartilla cada elemento)


      CANASTA LLENA,

      CORAZÓN CONTENTO.

       

       

       

     

     

    •  

     

    •  


miércoles, 11 de mayo de 2016

BOLSA 6

RELACIÓN DE UNA OBRA LITERARIA Y ALGUNAS TEORÍAS LITERARIAS

ACTIVIDAD CON ALUMNOS DE PRIMER GRADO DE SECUNDARIA:
1.- Proporcionar a los alumnos el siguiente texto literario.

El eclipse
Augusto Monterroso

Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guatemala lo había apresado, implacable y definitiva. Ante su ignorancia topográfica se sentó con tranquilidad a esperar la muerte. Quiso morir allí, sin ninguna esperanza, aislado, con el pensamiento fijo en la España distante, particularmente en el convento de los Abrojos, donde Carlos Quinto condescendiera una vez a bajar de su eminencia para decirle que confiaba en el celo religioso de su labor redentora.
Al despertar se encontró rodeado por un grupo de indígenas de rostro impasible que se disponían a sacrificarlo ante un altar, un altar que a Bartolomé le pareció como el lecho en que descansaría, al fin, de sus temores, de su destino, de sí mismo.
Tres años en el país le habían conferido un mediano dominio de las lenguas nativas. Intentó algo. Dijo algunas palabras que fueron comprendidas.
Entonces floreció en él una idea que tuvo por digna de su talento y de su cultura universal y de su arduo conocimiento de Aristóteles. Recordó que para ese día se esperaba un eclipse total de sol. Y dispuso, en lo más íntimo, valerse de aquel conocimiento para engañar a sus opresores y salvar la vida.
-Si me matáis -les dijo- puedo hacer que el sol se oscurezca en su altura.
Los indígenas lo miraron fijamente y Bartolomé sorprendió la incredulidad en sus ojos. Vio que se produjo un pequeño consejo, y esperó confiado, no sin cierto desdén.
Dos horas después el corazón de fray Bartolomé Arrazola chorreaba su sangre vehemente sobre la piedra de los sacrificios (brillante bajo la opaca luz de un sol eclipsado), mientras uno de los indígenas recitaba sin ninguna inflexión de voz, sin prisa, una por una, las infinitas fechas en que se producirían eclipses solares y lunares, que los astrónomos de la comunidad maya habían previsto y anotado en sus códices sin la valiosa ayuda de Aristóteles.

2.- Los alumnos que en equipos revisan la espacialidad
 Para identificar la teoría formalista que  pretende un estudio de la literatura desde sus mecanismos de funcionamiento interno, sin considerar factores externos como ser el autor, la relación con otras obras u otros sistemas.
Los alumnos contestan ¿Cómo es representada la selva centroamericana frente a España?

3.- Los alumnos subrayan en la obra literaria las marcas de temporalidad, aquellas palabras que indiquen el tiempo. Así los alumnos identificarán la velocidad del relato y cómo se representa el tiempo.

4.-  Los alumnos identifican el tipo de narrador.

5.-  Se pedirá la participación de los maestros de la asignatura de Historia y Geografía, así como de los padres de familia para compartir la lectura y cada uno responderá:
¿Consideran que la actitud del personaje principal fue la más adecuada? Cada uno responderá de acuerdo a su contexto social y argumentarán su respuesta. De esta forma se acercarán a la teoría de la recepción.

La recepción así entendida ya no se basa en apreciaciones intuitivas del crítico e intérprete, sino que se propone hacer objetivas las normas estético – literarias según rasgos de grupo, por ejemplo, nivel de formación, profesión, sexo, posición social (Hohendahl, 1987: 34).