martes, 3 de diciembre de 2013

Patricia Suárez: Mi viaje a la semilla


Patricia Suárez: Mi viaje a la semilla

Primera parada: “El cohete”
Preguntas
1) El cohete y la persona que lo mira. 

2)Sube, quítase, lanza, sacude, deja caer.

3)El espléndido, el loco, el príncipe magnífico.

4) Sube el cohete, el espléndido, el loco, el príncipe magnífico, vestido de máscara, con cerrado estrecho dominó de luto. Cuando ya no podemos alcanzarle, y para más mofarse de nosotros, se quita el antifaz, lanza un grito burlón, sacude su escarcela y deja caer piedras preciosas, que ya no llegan a nuestras manos, ya tendidas y abiertas, porque en el aire se pierden juguetonas.

5) Le dicen el toro, el torito. Lo montan en los hombros de algún despistado que solamente busca divertirse, y lo encienden. Entre multitudes se abre paso el manojo multicolor. Busca a los mirones más cercanos para hacerlos huir o para embestirlos; su alimento son las risas y los gritos. Orgulloso y engreído presume sus luces en grandioso esplendor colorido, y se siente extasiado con el traje suntuoso. Pero su emoción es efímera. Luego de giros veloces y extenuantes bufidos se extingue poco a poco el toro, exhalando un último aliento, con el triunfo de aquellas risas burlonas que se le clavan cual banderilla letal.

Segunda parada: “El artista”
1) La del "Placer que dura un instante" y la del "Dolor que se sufre toda la vida".

2)Porque ya no había más bronce en el mundo y quería que su obra fuera de ese mismo material.

3)Deseo, placer, dolor, sufrimiento, amor. 

4)La lección, para mí, tiene varios elementos que considerar. A veces somos inflexibles y deseamos para nuestra vida justamente aquello que escasea. Quizás el artista pudo haber hecho su estatua con otro material. También pienso en la dualidad, en el destruir algo negativo para crear algo positivo. Estamos en una constante transformación, pero es necesario procurar que lo que vayamos construyendo sea cada vez mejor. La estatua del dolor, a mi parecer, simboliza el pasado, y la estatua del placer simboliza el presente. El hecho de que ambas sean del mismo material es una representación de nosotros mismos. Somos lo que somos; no podemos cambiar nuestra esencia, pero podemos modificar la forma y la manera de percibir el mundo.

5) Yo haría la estatua del "Disfrute del presente".

Tercera parada: “Autorretrato”
Ésta que ves aquí, de rostro redondo, cabello teñido, frente amplia y descubierta, de grandes ojos, de nariz pequeña, de mejillas prominentes, boca delgada, adornada con un lunar arriba a la derecha, los dientes que fueron durante años metidos a fuerzas en una hilera más o menos alineada; el cuerpo con más curvas de las necesarias, la piel morena; algo pesada debido a cargas de las que no se ha desprendido completamente; éste digo es el rostro de la autora de algunos cuentos y de la que dejó su ciudad amada por haber encontrado el amor, llámase comúnmente Juana Patricia Suárez Ornelas. Fue asidua estudiante, primero por complacer a su padre, de quien buscó siempre la aprobación; luego, por no padecer las mismas carencias que su madre, pero finalmente encontró en el estudio su adicción. Luchó a los 16 años contra la enfermedad cerebral de su madre y eso la obligó a madurar y a ser fuerte de carácter y de espíritu, a alcanzar sus metas, pero sin dejar de velar por quien le dio la vida. En esta suerte de dificultades encontró la empatía con el prójimo y se dedicó a militar bajo las banderas de la educación, preparando alumnos que pasan por la etapa que para ella fue la más difícil, la adolescencia.

Cuarta parada: Piedra de sol

Escribes en mi piel y esas heridas
Te grabas en mi piel dulce deseo (2)
Armada de navajas invisibles
Armado de placer hasta los dientes(6)
Como un traje de llamas me recubren
Como manto de llamas me desvisten (8)
Una roja escritura indescifrable
Una limpia ternura irresistible (7)
Y tus pechos tu vientre tus caderas
 Y tu lengua, tus labios, tus mordidas (4)
Son de piedra, tu boca sabe a polvo
Es de agua tu mirada, sabe a tierra (5)
Tu boca sabe a tiempo emponzoñado
Tu pecho sabe a tímido silencio (12)
Tu cuerpo sabe a pozo sin salida
Tu pelo sabe a temporal amargo (1)
Ardo sin consumirme, busco el agua
Canto sin escucharme, subo al cielo (11)
Y en tus ojos no hay agua, son de piedra
En tus ojos no hay tiempo, son de arena (10)
Pasadizo de espejos que repiten
El camino en reflejos se convierte (9)
Frente a la tarde de salitre y piedra
Esta noche de vino entre tus piernas (3)

Quinta parada: El derecho de soñar
Ejerciendo mi derecho de soñar
Cuautla, Morelos.
No sé cómo será el mundo en 2025, pero no auguro nada bueno, a menos que los seres humanos aprendamos a no tomarnos la vida tan en serio.
En el año 2025 la humanidad no se distinguirá de las máquinas, pues todos habrán de comportarse igual. Se darán cuenta de que los sentimientos no son una prioridad. Si no hay sentimientos, no hay culpas y no hay enfermedades. La industria farmacéutica quebrará.
La naturaleza se conservará en reservas, se cobrará la entrada a esos lugares y se ejecutará a quienes las dañen con su basura.
Los animales que hoy tratamos como mascotas serán parte de la familia, se sentarán a la mesa, tendrán sus propios baños y se tomará en cuenta su opinión en los asuntos políticos del país.
La gente dejará de usar automóviles, pues como habrá perdido por completo la habilidad para caminar, tendrá ruedas en los pies.
El agua será muy costosa, pues debido a su escasez las industrias la van a acaparar para embotellarla y obtener ganancias. Lo mejor es que no será necesaria porque solo tomaremos Coca-cola, por su precio tan bajo y porque la tecnología habrá diseñado riñones, vejigas y demás órganos artificiales.
El oxigeno se venderá en tanques y será más caro todavía que el agua, la cual, debido a su escasez será casi inexistente.
La gente no necesitará televisión en casa, pues podrá llevarla a donde sea. Además usarán tablets para estar informados y conectados en todo momento. Habrá centros de reunión de padres e hijos en los que ya no será necesario hablarse sino que conversarán por medio de chats, lo que será un beneficio para la comunicación familiar.
Las guerras ya no serán por petróleo sino por agua.
Solo los maestros que demuestren sus habilidades de podrán enseñar. Darán clases de Disfrute de la vida, de No hay mejor momento que ahora, de Aprenda usted mismo, de Actúe, no solo piense. No habrá plazas ni prestaciones, pues la gente dejará de preocuparse por el futuro.
Los religiosos monoteístas recibirán una señal de su Dios, que les informe que cada uno de ellos, es en realidad el mismo y uno solo, y que ese sirve igual a todos. Se unirán en cantos de paz y dejarán de matarse unos a otros.
           
Sexta parada: Continuidad de los parques
Amantes
Ella había empezado a leer la novela unos meses antes. La abandonó porque su vida personal tomó un giro inesperado. Volvió a abrirla esa noche, después de limpiar el departamento, hacer la cena y arreglarse; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Se arrellanó en el futón escarlata para continuar con su lectura mientras esperaba al nuevo destinatario de sus amores. Desde ahí, podía distinguirse a través de la ventana la avenida cada vez más cargada de automóviles, lo que indicaba que los edificios aledaños empezaban a vomitar empleados hacia la calle. Él no tardaría mucho tiempo en llegar. Se dejó envolver una vez más en la trama de la historia Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca la ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que la rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del anochecer sobre la cuidad. Palabra a palabra, inmersa en la pasión reprimida de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en el departamento. La protagonista esperaba a su amante con la cena lista. Mientras pasaba el tiempo, recostada en el sofá, escuchó que la llave entró en la chapa, que se atoró y hubo forcejeo. La puerta se abrió y entró él con un ramo enorme de rosas blancas. Ella lo abrazó efusivamente y lo llenó de besos, pero él la rechazaba, pues no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por el ajetreo citadino. Él sudaba excesivamente, pero se negó a quitarse el saco. Ocultó sus manos dentro de los bolsillos para que ella no notara su deseo de estrechar carne tibia. Un diálogo cortante y seco advertía la decisión que él había tomado desde que la vio por primera vez. Ella lo enredaba en caricias que, sin pensarlo, lo disuadían y retrasaban su objetivo. A pesar de ello, él contaba y disfrutaba cada segundo que lo acercaba al placer infinito. Cenaron juntos,
sin hablar más que lo necesario. Ella no debía preguntar nada, y no lo hizo. No debía resistirse a hacer el amor en el sofá, y no se resistió. Mientras yacían, ella satisfecha y él ansioso, él acarició el cuello de la amante durante un rato, aumentando cada vez la intensidad de la opresión, hasta que, dejándose llevar por un impulso primitivo, le arrebató al cuerpo su último suspiro.

¿Qué? No esperaba una narración así, entonces se decepcionó de la novela y la dejó de lado. Escuchó que una llave giraba en la chapa, que se atoraba y había forcejeo. Cuando por fin se abrió la puerta, entró su amante con un enorme ramo de rosas blancas.

Séptima parada: “El cuento por entregas”
La pasión de José
Se dice que un padre es el que nos cría, no el que nos engendra, pero para José, el padre de Jesús de Nazaret, ese dicho se convirtió en un lastre. Antes de la boda, José se enteró de que su futura esposa ya estaba embarazada, y por miedo al deshonor no se lo dijo a nadie. Ella le explicó que aunque fuera a casarse con él por acuerdo de los padres, en realidad estaba enamorada de Ángel. Luego, José tuvo a bien soñar con un oportuno ángel (con alas y todo), quien le dijo que no se preocupara, que a su esposa la habían embarazado sin mancha y seguía siendo virgen, pues llevaba en sus entrañas al hijo de Dios.
José aceptó el sueño como realidad y no quiso tocar a su esposa hasta que naciera Jesús; con el paso del tiempo, se dio cuenta de que cuanto más crecía su primogénito, se volvía más mimado, presumido, engreído, desobediente, pues su madre le había dicho que su verdadero padre era Dios y lo sobreprotegía por haber sido el fruto de su primer amor. Entonces, José trató de enseñarle a su hijo un oficio para ponerle los pies en la tierra y que dejara de sentirse superior, mas Jesús lo desdeñó: no quería ser carpintero, quería ser rey.
José tomó a sus demás hijos y abandonó a María, pues ella los había desplazado. Lo que fue de él a partir de ese momento no les importó ni a María ni a Jesús ni a las Sagradas Escrituras.
Un día, José se enteró de que por andarse creyendo rey, su hijo Jesús había sido crucificado, y que María estaba inconsolable. No pudo evitar sentirse triste, pero sabía que era una buena lección. Así, cuando sus hijos se portaban de manera inadecuada, José ponía el ejemplo del hijo mayor y todos obraban bien, pues no querían terminar en una cruz, como su hermano.

Octava parada: “Literatura”
Infidelidad  (primer texto, perspectiva femenina)
Ana se levantó esa mañana pensando en la monotonía de su matrimonio y se dispuso a vivir una aventura. Su esposo había salido muy temprano a entregar un trabajo urgente en domingo.
            Era el momento perfecto. Había comprado algunos rosales, así que salió al jardín dispuesta a sembrar un nuevo amor. Eligió de entre todos el más grande, fuerte, cuyo verde de las hojas era brillante y seductor, el que ostentaba una flor abierta, roja, arrogante. Lo tomó con deseo y caminó con él frente a todas las plantas. Sin prestar atención a los juicios malintencionados de los tulipanes, girasoles y violetas, eligió un lugar apartado, detrás de los juncos, donde toda la tarde resplandecía el sol.
            Cuidándose de las flores celosas, asió con fuerza el azadón y empezó a aflojar la tierra. Una sensación de placer le recorrió la espalda. El vaivén la hipnotizó: la pala entraba y salía mientras se abría un hueco profundo y cálido. Tomó ávidamente el rosal, desprendió con sutileza las ropas negras y sensuales que cubrían las raíces y lo colocó justo en el hoyo mientras exhalaba un gemido.
            Luego de un respiro, Ana cubrió las raíces volviéndose ocasionalmente hacia las plantas que se asomaban curiosas y aplanó la tierra para ocultar los vestigios del pecado, pero al levantarse, una espina le desgarró el vestido. Tuvo que cruzar el jardín, entre todas esas miradas, con la marca que la delataba, pero dispuesta a elegir otro rosal para repetir la aventura.

Examen de ortografía (segundo texto, perspectiva infantil)
Que si las vocales fuertes, que si las débiles, que si el diptongo, que si se rompe… Luciano no entendía nada, así que decidió irse a jugar, aunque se sentía culpable y no podía dejar de pensar en el examen de ortografía.
Tenía cinco soldados. A cada uno, le puso el nombre de una vocal e hizo dos equipos para formar el regimiento: había tres fuertes y dos débiles. Colocó a cada grupo en un cuartel, pero los soldados fuertes eran muy engreídos, groseros y se la pasaban peleando. Los débiles eran muy tímidos y cobardes. Entonces, formó algunas parejas que propiciaron que los débiles se dieran cuenta de sus desventajas y exigieran una armadura que igualara las condiciones de vida. Todos estaban inconformes y armaron una revuelta.
Tuvo que bajar desde la repisa el señor G.I. Joe para dictar las leyes de convivencia:
de ahora en adelante en el regimiento de Palabras, habría cuarteles formados por un soldado débil y uno fuerte; dos soldados fuertes no estarían juntos en el mismo cuartel para evitar peleas y conspiraciones; los soldados débiles recibirían no una armadura sino un sombrero de punta inclinada con poderes especiales, pero al ponérselo deberían dar un grito para avisarles a los demás que se convirtieron en soldados fuertes, gozando de los mismos derechos y cumpliendo las mismas obligaciones que estos.
Ya cansado, Luciano se fue a dormir sin darse cuenta de que el conocimiento se afianzaba para salir fresco y divertido en el examen. 

Novena y décima paradas: “El ensayo que anida en el cuento y en la crónica”
Texto (tesis) a partir de “Lección de cocina” de Rosario Castellanos
El lugar de la mujer está en la cocina. Desde el principio de los tiempos ha estado ahí. La mujer puede extraviarse en aulas, en calles, en oficinas, en cafés; desperdiciada  en destrezas que ha de olvidar cuando se casa para adquirir otras.
Parten del supuesto (los recetarios y la sociedad) de que todas estamos en el ajo y se limitan a enunciar.
El hombre puede darse el lujo de “portarse como quien es”. Pero la abnegada mujercita mexicana que nació como la paloma para el nido, sonríe a semejanza de Cuauhtémoc en el suplicio.
La religión todavía pesa en la conciencia de las mujeres. Prefiero creer que lo que me une a él es algo tan fácil de borrar como una secreción y no tan terrible como un sacramento.
Al casarse se pierde el nombre y es difícil acostumbrarse al nuevo, que tampoco es de uno sino del marido.
La sociedad supone que la mujer, por el simple hecho de serlo debe poseer intuición que le permita, por ejemplo, saber el momento preciso en que la carne está a punto.
La virginidad. Cuando se descubre parece un hallazgo. Ansiaba justificarme, explicar que si llegué hasta ti intacta no fue por ni por orgullo ni por fealdad sino por un apego al estilo.
El hombre por naturaleza sí puede tener recuerdos de otra mujeres o desearlas en el porvenir. Gimes inarticuladamente y quisiera susurrarte al oído mi nombre para que recuerdes quién es a la que posees. Soy yo. Tu esposa, claro. Llevo una marca de propiedad y no obstante me miras con desconfianza. No estoy tejiendo una red para prenderte.
Se me atribuyen las responsabilidades y las tareas de una criada para todo. Pero no se me paga ningún sueldo, no se me concede un día libre a la semana, no puedo cambiar de amo. Debo, por otra parte, contribuir al sostenimiento del hogar.
La educación y la religión juegan un papel importante en la formación de la mujer. Así voy a quemarme yo en los infiernos por mi culpa, por mi grandísima culpa. A esta carne su mamá no le enseñó que era carne y que debería comportarse con conducta. Aquí no huele a carne humana sino a mujer inútil.
Cuando se quiere eliminar el yugo se tiende a tomar el otro extremo. Yo seré, de hoy en adelante, lo que elija en este momento. Yo impondré las reglas del juego. Si asumo la otra actitud, la balanza se inclinará a favor de mi antagonista y yo iré por la sinuosa vía que recorrieron mis antepasadas, las que no abrían los labios sino para asentir, y lograron la obediencia ajena hasta al más irracional de sus caprichos.
Me repugna actuar así. Esta definición no me es aplicable y tampoco la anterior, ninguna corresponde a mi verdad interna, ninguna salvaguarda mi autenticidad.

Texto (tesis) partir de “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz” de Sor Juana
¿Cómo me atreviera yo a tomarlo en mis indignas manos [el Cantar de cantares], repugnándolo el sexo, la edad y sobre todo las costumbres? Y así confieso que muchas veces este temor me ha quitado la pluma de la mano y ha hecho retroceder los asuntos hacia el mismo entendimiento de quien quería brotar; el cual inconveniente no topaba en los asuntos profanos, pues una herejía contra el arte no la castiga el Santo Oficio, sino los discretos con risa y los críticos con censura […] porque según la misma decisión de los que lo calumnian, ni tengo obligación para saber ni aptitud para acertar; luego, si lo yerro, ni es culpa ni es descrédito.
Yo no estudio para escribir, ni menos para enseñar (que fuera en mí desmedida soberbia), sino sólo por ver si con estudiar ignoro menos.
Le he pedido [a Dios] que apague la luz de mi entendimiento dejando sólo lo que baste para guardar su Ley, pues lo demás sobra, según algunos en una mujer.
Le dije [a la maestra] que ni madre ordenaba que me diera lección . Ella no lo creyó porque no era creíble. La maestra lo ocultó y yo lo callé, creyendo que me azotarían por haberlo hecho sin orden.
No me parecía razón que estuviese vestida de cabellos cabeza que estaba tan desnuda de noticias.
Entreme religiosa porque aunque conocía que tenía el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía para el matrimonio era lo menos proporcionado y más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación.
Al fin a que aspiraba era a estudiar Teología, parecíame menguada inhabilidad, siendo católica, no saber todo lo que en esta vida se puede alcanzar, por medios naturales de los divinos misterios. Pareciome preciso para llegar a ella [a la Teología] subir por los escalones de las ciencias humanas; porque ¿cómo entendería el estilo de la Reina de la Ciencias quien aun no sabe el de las ancilas?
Bendito sea Dios que quiso que fuese hacia las letras y no hacia otro vicio, que fuera en mí casi insuperable.
Sobre las palmas de las aclamaciones  se han levantado y despertado tales áspides  de emulaciones y persecuciones, cuantas no podré contar, y los que más nocivos y sensibles para mí han sido no son aquellos que con declarado odio y malevolencia me han perseguido, sino los que amándome y deseando mi bien me han mortificado y atormentado más que los otros.
El que se señala —o le señala Dios, que es quien sólo lo puede hacer— es recibido como enemigo común, porque parece a algunos que usurpa los aplausos que ellos merecen o que hace estanque de las admiraciones a que aspiraban, y así le persiguen.
Cuando se apasionan los hombres doctos prorrumpen en inconsecuencias.
Menos intolerable es para la soberbia oír las represiones, que para la envidia ver los milagros. En todo lo dicho, no quiero decir que me han perseguido por saber, sino solo porque he tenido amor a la sabiduría  y a las letras, no porque haya conseguido ni uno ni otro.
Debido a que le prohibieron estudiar porque era cosa de la Inquisición… Yo obedecí en cuanto a no tomar libro, que en cuanto a no estudiar absolutamente, como no cae debajo de mi potestad, no lo pude hacer, porque aunque no estudiaba en los libros, estudiaba en todas las cosas que Dios crió.
¿Qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina? Si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito.
Si estos fueran méritos (como los veo por tales celebrar en los hombres) no lo hubieran sido en mí, porque obro necesariamente. Si son culpa, por la misma razón creo que no la he tenido; más con todo, vivo siempre tan desconfiada de mí, que ni en esto ni en otra cosa me fío de mi juicio.
Y esto es tan justo que no sólo a las mujeres, que por tan ineptas están tenidas, sino a los hombres, que con sólo serlo piensan que son sabios, se había de prohibir la interpretación de las Sagradas Letras, en no siendo muy doctos y virtuosos y de ingenios dóciles y bien inclinados; porque de lo contrario creo yo que han salido tantos sectarios y que ha sido la raíz de tantas herejías; porque hay muchos que estudian para ignorar, especialmente los que son de ánimos arrogantes, inquietos y soberbios, amigos de novedades en la Ley. A éstos, más daño les hace el saber que les hiciera el ignorar. Mientras más estudian, peores opiniones engendran.
¡Oh si todos —y yo la primera, que soy una ignorante— nos tomásemos la medida al talento antes de estudiar, y lo peor es, de escribir con ambiciosa codicia de igualar y aun de exceder a otros, qué poco ánimo nos quedara y de cuántos errores nos excusáramos y cuántas torcidas inteligencias que andan por ahí no anduvieran! Y pongo las mías en primer lugar, pues si conociera, como debo, esto mismo no escribiera.
¡Cuántos daños se excusaran en nuestra república si las ancianas fueran doctas y supieran enseñar como manda San Pablo y mi Padre San Jerónimo!
Pues si vuelvo los ojos a la tan perseguida habilidad de hacer versos —que en mí es tan natural, he buscado muy de propósito cuál sea el daño que puedan tener, y no le he hallado. Los más de los libros sagrados están en metro.
Yo de mí puedo asegurar que las calumnias algunas veces me han mortificado, pero nunca me han hecho daño, porque yo tengo por muy necio al que teniendo ocasión de merecer, pasa el trabajo y pierde el mérito, que es como los que no quieren conformarse al morir y al fin mueren sin servir su resistencia de excusar la muerte, sino de quitarles el mérito de la conformidad, y de hacer mala muerte la muerte que podía ser bien.

Reflexiones a partir de los textos de Sor Juana, Rosario Castellanos y Virginia Woolf
No es necesario apresurarse. No es necesario brillar.
No es necesario ser nadie más que uno mismo.
Virginia Woolf
Luego de leer “Respuesta a sor Filotea”, “Lección de cocina” y Una habitación propia, llamó mi atención la diferencia de tiempos en que fueron escritas y la vigencia de los temas que abordan. A pesar de que hemos creído que las condiciones formativas de las mujeres han cambiado, aún existen ámbitos en los que se resisten, ya sea por situaciones económicas o de educación, a su propio avance. La religión, la moral, la sociedad han marcado pautas que todavía hoy son difíciles de superar.
            La cocina es un tema en el que convergen los tres textos. Cuando Rosario Castellanos dice “Mi lugar está aquí. Desde el principio de los tiempos ha estado aquí”, pienso en el rol tan importante que desarrolla la mujer al ser la cocinera oficial de la familia. También Sor Juana menciona: “¿Qué podemos saber las mujeres sino filosofías de cocina?”. Y Virginia Woolf detalla su almuerzo poniendo especial énfasis en los platillos:
“[…] el almuerzo empezó con lenguados, servidos en fuente honda y sobre los que el cocinero del colegio había extendido una colcha de crema blanquísima, pero marcada aquí y allá, como los flancos de una gama, de manchas pardas. Luego vinieron las perdices, pero si esto os hace pensar en un par de pájaros pelados y marrones en un plato os equivocáis. Las perdices, numerosas y variadas, llegaron con todo su séquito de salsas y ensaladas, la picante y la dulce; sus patatas, delgadas como monedas, pero no tan duras; sus coles de Bruselas, con tantas hojas como los capullos de rosa, pero más suculentas”.
            La intuición de cocineras es algo que la sociedad cree que las mujeres deberíamos tener, y cuando, como Castellanos, sentimos que no la poseemos experimentamos cierta frustración que se equilibra con otro tipo de conocimientos. En el transcurso de los años esta idea se ha tomado casi como dogma, tanto, que cuando una mujer no sabe cocinar ni disfruta de ello es considerada como mutilada, como si le faltara una parte muy importante de su feminidad.
            Por otro lado, pero íntimamente ligado a lo anterior está la educación que mamamos de generación en generación, y que, por lo menos en México se distingue en su mayoría por el fomento del machismo exacerbado. Gracias a la religión, como lo relata Sor Juana, creemos que las mujeres tienen pocos caminos en la vida: “Entreme religiosa porque aunque conocía que tenía el estado de cosas (de las accesorias hablo, no de las formales), muchas repugnantes a mi genio, con todo, para la total negación que tenía para el matrimonio era lo menos proporcionado y más decente que podía elegir en materia de la seguridad que deseaba de mi salvación”. Dios, el matrimonio, o la indecencia, no hay de otra. Quizás, algunas mujeres prefieren desear a que llegue su príncipe y las rescate. Y mientras esperan leen novelas románticas tradicionales admiran la naturaleza mientras canturrean lo felices que son porque vendrá pronto el amor. Otras mujeres, desde Sor Juana deciden buscar su propia realización por el medio que sea o que tengan a su alcance.
Asimismo el machismo nos deja una educación que no acepta la igualdad entre sexos. Esta diferencia tan marcada entre hombres y mujeres también la aborda Rosario Castellanos cuando dice, por ejemplo, que su esposo puede comportarse como él quiera, pues es hombre, pero que ella “abnegada mujercita mexicana que nació como la paloma para el nido, sonreía a semejanza de Cuauhtémoc en el suplicio”. Claro que lo dice de manera irónica, pero no podemos negar que es una realidad impuesta. Además, defiende su propio derecho de no ser parte de esa idea arraigada de lo que sí puede hacer una mujer y lo que no, sino que busca ser auténtica.
            Por otro lado, también pareciera que para la mujer no hay más camino que ser una criada sin goce de sueldo, pues por una parte es esclava de los quehaceres y las necesidades del marido, y por el otro, es esclava de las reglas sociales y de los preceptos religiosos, que al no ser cumplidos cabalmente solo traerán culpa y exigencias absurdas de perfección en situaciones que ellas no siempre pueden controlar.
            Finalmente, creo que se podría discutir acerca de todos los temas que las tres autoras abordan de manera específica, pero creo que la raíz está en el valor que la mujer dé a su propia formación, a sus conocimientos, a su afán de ignorar menos si así lo quiere; o bien, a tener hijos y dedicarse a su familia si es lo que la satisface. El logro de nuestra época y de nuestra sociedad radica en la oportunidad de decidir, y eso es lo que debemos celebrar. Sea cual fuere el camino que escojamos, lo mejor es asumirlo y asumirnos como parte fundamental de esa historia. Escribamos nuestra novela, romántica o posmoderna, no importa, pero hagámoslo con convicción y con orgullo no de nuestro sexo sino de nuestra humanidad. 

Reflexión final
Este fue un viaje corto pero sustancioso. En principio, me pareció que diez sesiones de viaje serían pocas; no contaba con que cada una representaría retos tan variados. Titulé mi trabajo Mi viaje a la semilla, porque volví a entrar en detalles literarios de los que no me ocupaba hacía tiempo.
Por ejemplo, cuando leí las preguntas del ejercicio de la primera parada, pensé que eran muy obvias, pero me di cuenta de que cada quién interpretó algo diferente; o bien, aunque la pregunta era muy concreta, yo tendía a responder lo que no me estaban preguntando. Además me encantó comparar con mis compañeros algo tan simple como encontrar a los personajes de un cuentito, pues a cada uno elegía diferentes. Eso me hizo preguntarme como maestra ¿en realidad me doy a entender en las preguntas que les hago a mis alumnos?, ¿lo que ellos responden puede definirse como “bien o mal”?
En la segunda parada el reto era un poco mayor, pues aunque partía de información explícita del texto de Wilde, ahora sí había que aportar algo de interpretación para generar nuestra propia propuesta. Pero antes que todo debíamos comprender exactamente lo que el texto nos decía: eso fue lo más difícil.
La tercera parada representó uno de los trabajos más difíciles: hablar de mí misma. Había que desnudarse y exhibirse, llamarles a las cosas por su nombre, dejar los eufemismos, además de partir de una estructura de lenguaje muy diferente a la que me es familiar. No fue sencillo. Descubrí también que es más fácil encontrar mis defectos que mis cualidades.
La cuarta parada fue hermosa, pues el objetivo era escuchar la música que hay en las palabras y crear un universo completo en cada verso. Fue de los ejercicios que más disfruté y, dicho sea de paso, fue el que me hizo entender que la poesía no es tan difícil ni tan tediosa como yo creía.
La quinta parada fue muy complicada porque descubrí que a veces me tomo la escritura muy en serio y que me cuesta trabajo jugar con las palabras y encontrarles ironía y humor.
            “Continuidad de los parques” es uno de mis cuentos favoritos de Cortázar, pero nunca creí poder escribir uno parecido. De él aprendí la importancia de la secuencia de los hechos, de la claridad de las situaciones y de la construcción completa de los personajes, pero todo esto solo con pinceladas.
            La séptima parada fue otra dificultad, que se relacionó mucho con la del texto de Galeano. Aprendí que para responderle a un texto, a veces hay que ir más allá de él, trasgredirlo, no solo rodearlo o explicarlo.
            La octava parada fue el cambio de perspectiva. Me enseñó a ponerme en los zapatos del otro y a respetar su voz y su situación.
            Las dos últimas paradas fueron un conjunto de todo lo anterior: comprensión de lectura, distinción de épocas, personajes en diferentes sociedades, el sexo femenino visto desde tres ángulos diferentes, búsqueda de ideología en los textos, análisis y creación de una nueva propuesta. Creo que me quedé corta en el ensayo, pero me quedan las ganas de hacer otros más profundos y de abordar varios temas que se quedaron pendientes. 

domingo, 1 de diciembre de 2013

lecciones de literatura con obras maestras RGRZ



Lecciones de literatura con obras maestras. Rosa de Gpe. Romero  Zertuche
Primera parada: El cohete
1. los personajes del texto son:  el cohete, los asistentes al espectáculo( en plural asociativo)  y el autor,  implícito.
2.los verbos utilizados: subir, poder, alcanzar, quitar, lanzar, gritar, mofar, sacudir, dejar, caer, llegar, tender, abrir, perder, jugar.
3.cohete, el espléndido, el loco, el príncipe magnífico.
4.El príncipe magnífico  con  dominó de luto y vestido de máscara,  sube.
Cuando ya no podemos alcanzarle,
el loco lanza un grito burlón y para más,  quítase el antifaz
 mofándose  de nosotros. El cohete espléndido sacude su escarcela
y derrama piedras preciosas  que se pierden juguetonas en el aire.
Nuestras manos tendidas y abiertas, no llegan a tocarlas.
5. Festival de Año Nuevo
Los cohetes, como estrellas que deslumbran, desde  la orilla del mar, la negrura de la noche  es rota por la cascada multicolor, el tronar ensordecedor y el olor a pólvora. Los cohetes silban  y estallan semejando flores de  diente de león,  que al soplarles caen en cascadas, aquí verdes, allá amarillos, ya  rojos,  ya azules. Son lanzados hacia el mar, junto con  flores que la gente lleva en las manos, mientras  celebran la llegada del año nuevo, caminan  disfrutando el espectáculo.   
Segunda parada: el artista
1.La  primera estatua modelada por el artista es "el dolor que se sufre toda la vida" y la segunda "El placer que dura un instante"
2. El bronce era el único metal que podía ver sus obras y no había más bronce en el mundo que el bronce que había utilizado para su primera estatua.
3. las emociones  de las que trata este cuento son:  deseo, placer, dolor, sufrimiento, amor.
4. la lección que nos da el autor es lo mudable de nuestros sentimientos. Los deseos, materia con la que forjamos nuestros sueños desnuda nuestra alma y sus apetitos, amasar  el bronce  primigenio, que como parte de la aleación,  vamos a partir de él,  para construir nuestras obras.
5. La  estatua que modelaría   se llama "la paz que se consigue con  la experiencia".  No sólo lleva  bronce, lleva hierro que es forjado en el fuego de la ira, el enojo y la decepción y templado en el hielo de la distancia y el extrañamiento. La estatua es "la paz que se consigue por la experiencia".
Tercera parada:  Autorretrato
Un doce de diciembre, hace ya mucho tiempo, nací en la Ciudad de México. Mi abuela paterna Rosa, la materna Guadalupe.  Quedó Rosa de Guadalupe, la última de cinco hijos. Aguileño perfil, continente mediano antes magro, ahora lleno.
Dedicada por tres décadas a la investigación y la enseñanza. Quirón por convicción, la UAM fue mi morada.  La guerra contra el cáncer, me impone el retiro tras más de diez años de lucha de  armisticios temporales con sentencias confirmadas.
Amazona ahora con hilos de plata y mirada atenta, redescubro mis escritos, decenas de páginas, diría  Reyes sólo  literatura ancilar y me propongo aprender las reglas del mester, oficio de intenciones solitarias y fría resolución.

Cuarta parada
Armada de navajas invisibles
escribes en mi piel y esas heridas
una roja escritura indescifrable
como un traje de llamas me recubren
ardo sin consumirme, busco el agua
tu cuerpo sabe a pozo sin salida
y tus pechos, tu vientre, tus caderas
son de piedra, tu boca sabe a polvo,
y en tus ojos no hay agua, son de piedra,
pasadizo de espejos que repiten
tu boca sabe a tiempo emponzoñado,
frente a la tarde de salitre y piedra.
Poema traspuesto
Tu seca mirada de estatua
provista de  hielo cortante
jeroglífico con sangre escrito
dibujas en mi piel, dolor y herida
ataviada con ígneo ropaje
tu boca nada sabe, eres estatua
desierto que me quema al mediodía
la guitarra vibrante de tu cuerpo
túnel de cristal que me refleja
gusto de arena y roca da tu cuerpo
estatua de sal, la tarde anuncia
devenir que tu aliento envenenó



Quinta parada: El derecho a soñar
Mis premisas son que, en la historia humana, una vez conseguidas ciertas comodidades proporcionadas por  los desarrollos tecnológicos, difícilmente renunciamos a ellas.
La razón por la que la tecnología no se abandona, es porque nos ha proporcionado  tiempo,  para el libre ejercicio de nuestras capacidades, en un espacio sin  actividades rutinarias y aburridas. Ejemplos hay muchos, he aquí algunos:
-¿Olvidaríamos la lavadora de ropa?
 Ciertamente NO,
antes bien queremos que: clasifique la ropa,
 seleccione la combinación de jabones,
seque, doble y guarde la ropa de la familia.
-¿Abandonaríamos el transporte motorizado?
Obviamente NO,
 pero lo queremos verde con energía solar,
seguro, anti-colisiones,  público y sin ruido
La ingeniería de tránsito proveería de niveles
para diferentes sentidos de las calles.
-¿Prescindiríamos de la biotecnología médica?
Indudablemente NO,
 porque regresaríamos al ritmo, la artritis,
los embarazos no deseados, la peste, el cólera.
El paludismo, la tuberculosis, la influenza española,
y otras enfermedades infecto contagiosas.
-¿Evitaríamos los medios de comunicación?
Selectivamente NO,
porque nos permiten conocer otras culturas
otros músicos, cineastas, pintores, arquitectos.
Aunque tendríamos que evitar las incitaciones al odio,
a la mentira y al fanatismo.
-¿Desdeñaríamos las redes sociales?
Enfáticamente NO,
moriríamos de congestión comunicativa,
exhibicionismo  inhibido,
ostracismo social, aislamiento,
incomunicación y olvido.
-¿Eludiríamos la cibernética y la robótica?
Definitivamente NO,
porque es un escape a los trabajos repetitivos,
enajenantes, agotadores o peligrosos.
Aquellos trabajos que gastan  nuestra energía,
e inhiben nuestra capacidad creadora.
-Liberados de los trabajos tediosos
desarrollaríamos nuestro cerebro
nos comunicaríamos sin aparatos,
nos amaríamos, divertiríamos y
viajaríamos a voluntad .
-Liberados de las necesidades fisiológicas
nos alimentaríamos de... Prana, 
la comida sólo representaría
un ejercicio de experimentación.

6a Parada: Sábado ajetreado
Como todas las mañanas, Pablo  leía el periódico.  Era sábado y  Lucrecia elaboraba la lista de pendientes que tendría para la próxima semana.   Pablo sentado ante la mesa tomaba el desayuno, la mesa  era pequeña con  sólo dos sillas,  tenía un mantel de algodón a grandes cuadros de colores  que  añadían  luz  a la pequeña estancia aneja a la cocina. Los platos  que se usaron , así como la cesta de pan, estaban apilados a  un lado de la mesa esperando a ser levantados. Sólo quedaban las tazas con café a medio consumir  y  la jarra  con  mas café caliente.  Había silencio  los leves rumores de las hojas al dar la vuelta o el lápiz al arrastrarse sobre el papel o  los sorbos  del café caliente,  acentuaban  la concentración  que cada uno ponía en su actividad.  
Como siempre,  Pablo paseó su mirada de manera rápida, casi únicamente resbalando por los titulares de la primera sección de noticias, frunció el ceño y, distraído, tomó  de la cesta de pan  un polvorón de cacahuate. Después de la primera mordida lo miró  y bajando el periódico se acercó la taza a los labios  bebiendo  un pequeño trago de café.  Pablo retomó   la lectura con  la sección  de sociales y alzando una ceja, con expresión sorprendida, meneó la cabeza en señal de desaprobación. No hablaba, no hacía comentarios, apenas leía los titulares  y se fijaba únicamente en los nombres que le eran familiares, no demasiados o en los eventos culturales de la noche anterior. Al intentar comentarlo con Lucrecia,  se dio cuenta que ella... ya no estaba.  Un tanto sorprendido miró en derredor, pero ella no se encontraba ahí. En fin, lo comentaría más tarde.
Más relajado mordió el polvorón de cacahuate y retomó la lectura, pero ésta vez  con  avidez o tal vez con perversidad  malsana, él sabía lo que le interesaba:  llegar a la nota roja. Al abrirla, en un titular a cuatro columnas, a media página  ASESINATO PASIONAL . El periodista narraba el hecho: Un hombre, de alrededor de 45 años había sido asfixiado  en su domicilio,  mientras desayunaba. El asesino había entrado sin ser notado, no había señales de lucha, ni estaban forzadas las cerraduras. Su esposa no se encontraba cuando el hecho sucedió. Pero aparentemente era alguien conocido, dado que había llegado hasta muy cerca de la víctima sin causarle alarma . Se especulaba sobre la esposa, los vecinos describían que un hombre la visitaba, mientras el hoy occiso, no se encontraba. Se  asfixió con un bocado de pan, sospechan... Se detiene en la lectura y apura otra mordida al polvorón con un poco más de café,  y cuando  retoma  la lectura, siente una mano en la espalda y  escucha aterrado: ¡hola Pablo!,  ¿cómo estás?  se atraganta y tose con desesperación.
7a Parada:  reto a la tradición, fábulas revisadas
Zeus y Pudor
Si Tú,  siendo omnipotente,
por un olvido dejaste
en el cinismo más vil
 a los de humano linaje.
Por remediar el entuerto,
Eros y  yo convenimos,
en apartar mi mirada
cuando él retoce en el huerto.
Mientras Eros sea garante
acepto yo, sin gran pena,
no interrumpir en la escena
donde gozan los amantes. 
Más dejados al garete
con Pudor en retirada
voyeristas, pederastas
florecerán sin gran pena.

Tiresias y Narciso

Si Tiresias al hablar
hubiera sido más claro
a Narciso le habría dado
más datos de su destino
advirtiéndole también
el peligro de su sino.
Narciso al ser enterado,
de su belleza imponente,
aplicose  duramente
al donjuanesco mester
y comenzando con Eco,
sinfín de historias tejió
pero a Freud triste dejó
arrugado el entrecejo.

Octava Parada: cuentos reinterpretados.
            La novelista, enfundada en una bata de color indefinido, metió en la máquina de escribir una hoja de papel, la numeró y se dispuso a relatar un safari en África. No conocía la selva y sin embargo iba a pintar las fieras en su hábitat natural. Los únicos animales salvajes que había visto eran los del zoológico de Chapultepec y ahora tenía que decir cómo eran los leones, los rinocerontes y los elefantes en Kenia. El ronroneo de sus gatos se convertía en el rugido del león estableciendo su derecho a comer primero. La lucha que sostenía con los editores para que le pagaran las traducciones entregadas, se le antojaba la lucha del león contra las hienas que se acercaban por los despojos de la cebra muerta. El llanto de su bebita, se convertía en el ulular del viento, el graznido de las aves y el silbido de los árboles en la noche. Mira su entorno,  las montañas de trastes sucios y  la ropa sin lavar, se convierten en un paraje intrincado de la selva que habría que atravesar a pie, desbrozando el camino, o mejor evitar,  en medio del calor sofocante.

El niño y los tiempos.
Después de ser partícipe y víctima de uno de esos inventos contemporáneos al que llaman escuela de tiempo completo, llegó exhausto a casa a las cinco y media de la tarde. Su día  había empezado a las ocho de la mañana. Rápidamente se quitó el uniforme y se vistió con los vaqueros más viejos y cómodos que tenía. Veloz, cual saeta, se dirige a la cocina, toma un bolillo, muerde uno de los extremos y  selecciona uno de los plátanos más maduros del frutero; acto seguido lo embute en el pan por el agujero en su extremo,  rocía sobre aquella pasta una cucharadita de azúcar y sonríe.
Con placer inenarrable el niño atisba la calle, mira sus zapatos, oye gritos y risas. Afuera en la calle es viernes, hay tiempo... La tarea queda para otro día.
Novena Parada: la lección de cocina y Respuesta a Sor Filotea de la Cruz
Las ideas que capturaron mi atención en la Lección
Unos párpados que se cierran y he aquí, de nuevo el exilio.
Pero es mentira. ..Yo no soy el reflejo de una imagen en un cristal; a mí no me aniquila la cerrazón de una conciencia o de toda conciencia posible.
No nacimos juntos. Nuestro encuentro se debió a un azar.
Hace un año yo no tenía la menor idea de su existencia y ahora reposo junto a él con los muslos entrelazados, húmedos de sudor y de semen.
Prefiero creer que lo que me une a él es algo tan fácil de borrar como una secreción  y no tan terrible como un sacramento.
Porque perdí mi antiguo nombre y aun no me acostumbro al nuevo, que tampoco es mío.
...en el contacto o colisión con él he sufrido una metamorfosis profunda: no sabía y sé, no sentía y siento,  no era y soy.
No me queda más alternativa que el neoclásico y su rigidez es incompatible con la espontaneidad para hacer el amor.
Quieta. Cuando dejas caer tu cuerpo sobre el mío siento que me cubre una lápida, llena de inscripciones de nombres ajenos, de fechas memorables.
Llevo una marca de propiedad y no obstante me miras con desconfianza.
Poco a poco iremos revelándonos mutuamente, descubriendo nuestros secretos, nuestros pequeños trucos, aprendiendo a complacernos.
Mi marido da la impresión de solidez y de realidad cuando estamos juntos, cuando lo toco, cuando lo veo. Seguramente cambia, y cambio yo también, aunque de manera tan lenta, tan morosa que ninguno de los dos lo advierte .
Yo  seré, de hoy en adelante, lo que elija en este momento.
Forcejeará por prevalecer  y si cede yo le corresponderé con el desprecio y si no cede yo no seré capaz de perdonarlo.
Nuestra convivencia no podrá ser más problemática. Y él no quiere conflictos de ninguna índole. Menos aún conflictos tan abstractos, tan absurdos, tan metafísicos como los que yo le plantearía.
Las ideas de la Respuesta
No es afectada modestia... que al llegar a mis manos, impresa, la carta que vuestra propiedad llamó  Atenagórica, prorrumpí en lagrimas de confusión, porque me pareció que vuestro favor no era más que una reconvención que Dios hace a lo mal que le correspondo; y como a otros corrige con castigos, a mi me quiere reducir a fuerza de beneficios.
...digo que recibo en mi alma vuestra santísima amonestación de aplicar el estudio a Libros Sagrados que aunque viene en traje de consejo, tendrá para mío sustancia de precepto;
Esto me hizo vacilar  algo en la determinación(de ser monja), hasta que alumbrándome, personas doctas de que era tentación, la vencí con el favor divino, y tomé el estado que tan indignamente tengo.
Pensé que yo huía de mí misma, pero ¡miserable de mí!  trájeme  a mí conmigo y traje mi mayor enemigo en esta   inclinación, que no sé determinar  si por prenda o castigo me dio el Cielo, pues de apagarse o embarazarse con tanto ejercicio que la religión tiene, reventaba como pólvora, y se verificaba en mi la que la privación causa el apetito.


Décima Parada: Ensayo sobre el sentido.
El tifus de Juana
Las piedras en el abrigo de Virginia
La lámpara descompuesta de Rosario.
Enfrentar escritos de tan distinta índole, distintos destinatarios y propósitos nos exige indagar, ir más profundo. Machismo contra feminismo es la antinomia más evidente. Esta línea de exposición se agota en sí misma, es circular  y se cierra en sus propios argumentos.
Rosario  discurre un cuento autobiográfico intimista e irónico; de adulta siempre tuvo libertad y recursos propios para dedicarse a lo que quisiera.
Si tomamos a Virginia, su pregunta de porque las mujeres son tan pobres, refleja paradojas de su propia sociedad estratificada  en la cual la nobleza se encuentra lejos, como los dioses en el Olimpo. Una sociedad en que la lucha de clases sólo existe entre los desheredados, por ello la mujer sufre una doble discriminación económica: de clase y de género.
Sor Juana tuvo en su momento el apoyo de su familia y luego la protección de la  virreina Leonor Carreto Marquesa de Mancera  y del Virrey quienes finalmente pagan su dote para ser liberada de todas las obligaciones que el Convento podía imponerle. Sor Juana siempre pudo estudiar y escribir, por ello se queja de los ruidos de las celdas adyacentes o de las interrupciones de sus hermanas de claustro. Sor Juana  fue una pluma de alquiler, aún la llamada Carta Atenagórica  fue escrita por encargo, tramposo si se quiere, pero para satisfacer una petición.
Juana quiere estudiar y conocer, pero no tiene compromiso con la escritura. Su éxito literario le da recursos y problemas; a ella le repugna. Su sociedad la celebra, su grupo social, y  la corte la animan a opinar, a escribir a exponer. Pero su decisión de acogerse bajo el manto protector del Claustro constriñe sus temáticas  de estudio y de expresión. Le piden que sea una Santa Teresa del Nuevo Mundo. Juana sucumbe ante las trampas de la fe, como dice Octavio Paz.
 Rosario tuvo un verdadero compromiso con  la literatura, sin miedo y sin tapujos. Emprendió con humor irónico un discurso intimista desacralizante de la posición de la mujer de su tiempo. Al igual que Sor Juana fue muy celebrada, su opinión era seguida por miles de lectores del periódico. Sin embargo exiliada en su triunfo, Rosario sucumbe ante la vida real.
            Nunca, como a tu lado, fui de piedra.
            Y yo que me soñaba nube, agua,
            aire sobre la hoja,
            fuego de mil cambiantes llamaradas,
            sólo supe yacer,
            pesar, que es lo que sabe hacer la piedra
            alrededor del cuello del ahogado.(Elegía, Rosario Castellanos)
Tratar de encontrar una línea de comprensión por la cual tres extraordinarias escritoras acaban sus vidas de manera trágica y casi voluntaria, puede ser esclarecedor del papel que la sociedad deposita en la mujer actual. Desde las dos grandes guerras europeas, las sociedades  demandan de la mujer no solo participación activa en la economía, aún  fuera de la casa, sino también  se les insta a equilibrar, el enfoque unilateral masculino, y participar más en todas las actividades y responsabilidades. Pareciera que se les exige en unas cuantas generaciones subsanar la marginación y la falta de preparación que históricamente se le ha impuesto a la mujer.  
Juana y Rosario no sólo tuvieron una habitación propia y ayuda para evitarles las tareas repetitivas y cotidianas de una casa. Debo aclarar que, tomando en cuenta los estudios de la época,  en el caso de Sor Juana no sé si tenía el equivalente a 500 libras pero si suficiente para sus alfileres como solía decirse, agregando lo que le pagaban por sus escritos.  De Rosario, una vez restituídas sus tierras, tuvo una renta que siempre le permitió libertad económica.
Las últimas tres páginas de Virginia proponen una estrategia y una esperanza; aunque no resuelven las interrogantes que Rosario nos deja en sus Meditaciones desde el umbral.

Lo que aprendí a lo largo del seminario:
1.-en la primera parada, darle su importancia al sujeto, enfocar el tema, buscar metáforas que enriquezcan el texto.
2.-descubrir como, según la teoría crítica genética, el autor apela a sus propias experiencias para generar su obra.
3.-el ejercicio de la subjetividad, aunado al uso del lenguaje y los recursos retóricos para exhibir u ocultar un perfil humano.
4.-crear a partir de un texto terminado. Diferentes perspectivas y ensamblajes. Me enseñó que escribir, siendo una labor que apela a la inspiración, cuenta con técnicas que no conocía. Y que al aplicarlas me enseñaron que cualquier contacto con la poesía puede ser motivo que incite y desarrolle habilidades que no había descubierto. Es como empezar a andar.
5.- romper expectativas, forzar otro estilo, una cadencia zigzagueante con humor e ironía.
6.-encabalgar historias, lograr un relato cerrado en toda su propuesta. Mantener el misterio.
7.-reciclar historias y retar la tradición, subvirtiendo el sentido, pero no el estilo o la métrica.
8.-regresar y revisar, una y otra vez. En cada ocasión el escrito puede ser mejorado. Y normalmente lo es.